Nosotras faltamos

Escribo esta entrada porque, un día después de la inauguración, seguramente ya no exista obra. Y considero que todo lo que ha ocurrido en torno a la misma debe ser escrito y recordado.

 

Primera parte: la obra.

Fui invitada a participar en la exposición “Del Paleolítico a Nuestros Días”,  presentación de la Asociación de Artistas de Albacete. La exposición consistía en crear una obra que interactuara con otra del Museo Provincial de Albacete, creando un diálogo-contraste. Yo decidí que mi obra iba a dialogar con una ausencia: la no presencia de las mujeres artistas y la artesanía en los museos. Para ello, creé una pequeña tinaja rota con atributos femeninos, representando ambas subordinaciones. Mi obra debía estar en el suelo, en la sala 13 (que es la que contiene obra más reciente), para dar la sensación de estar fuera tanto de la museografía como del discurso de la sala.

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Segunda parte: el choque con la Institución. 

Cuál es mi sorpresa al llegar el día de montaje y ver que mi obra no está ni en la sala que especifiqué ni en el suelo. Está en una peana en una sala con libros. El cambio de localización suponía la pérdida de todo sentido de la obra. Una obra que representa la ausencia, el menosprecio, la infravaloración…no puede estar en una peana. Me costó mucho hablar con las personas responsables y razonar con ellas. El mayor argumento era que en el suelo no se puede poner obra porque ‘hay que pasar la mopa’. Quiero dejar claro que el choque no fue con toda la institución, las personas-frontera del museo (recepcionistas, montadoras…) fueron de lo más comprensivas y me ayudaron en todo lo que pudieron.

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Tercera parte: el encuentro.

Viendo que no había manera de entendernos y que estaba generando cierta tensión, pedí que me dejaran sacar mi obra a la calle. Entonces me di cuenta de que, en realidad, me habían hecho un favor. Qué mejor manera de expresar que ni las mujeres ni la artesanía están en un museo que sacando mi obra a la puerta del mismo. Hubo algo de revuelo porque, evidentemente, la obra se iba a malograr, y eso suponía un choque enorme con el concepto tradicional de obra de arte intocable y sagrada. Les intenté explicar que me daba igual, que incluso le daba más sentido y gracia, y que si la gente interactuaba con ella me sentiría más realizada incluso.

Finalmente, quedé encantada con el resultado. La gente lo comentaba y mucha me debatía. Se generó discurso y crítica. Hubo peques jugando con ella. Alejada de la peana y de toda la museografía, quedó reducida a una no-obra, a una cosa sin relevancia esperando en la puerta del museo, exactamente lo que han sido las mujeres artistas y la artesanía durante siglos.

Y ahí quedó. Sería bello que la poética del mensaje fuera más importante que otras cuestiones, y la dejaran desgastarse por el paso de la lluvia, el tiempo y la gente. Pero estoy segura de que no será así.

 

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