Palabras

Te hablo desde la timidez y la dulzura.

Desde un cuerpo débil y sufriente que se admite débil y sufriente.

Que admite ser humano

y no se pone la capa de mármol

que exige la estrecha normalidad cotidiana desde la cosmovisión capitalista y androcéntrica.

Hablo desde las cicatrices de todas las patologías y etiquetas cargadas sobre mis hombros.
(el peso de tu disidencia lo cargas tú).
Cicatrices que no pienso tapar.
Palabras susurradas acompañadas de caricias.
No pienso gritar en alto.
No sé gritar. No quiero gritar.
No voy a gritar. No pienso gritar.

 

 

 

Mea culpa

Mea culpa

Mea culpa

Ora pro nobis

Porque hemos pecado, padre sistema, hemos pecado.

Mea culpa, padre, sentir el sol

Sentir las horas, las flores, las piedras…

Y odiarte, padre sistema, odiar tus frutos

Tu patriarcado, tu prisa, moneda

El tiempo que no vive, produce

el tiempo que escurre por mis rodillas al suelo, se esparce y sangra la acera entera de culpabilidad

Porque olí una flor

Y no estaba produciendo.

Ponme de rodillas, padre

Y haz lo que gustes

Porque tengo toda la culpa de ser sensible

Amar

Amar a la gente

Y confiar

Y no ser competitiva

Mea culpa, padre

Mea culpa

Me pongo el velo

De trastorno

Reconocido por el sistema clínico

Y ya no soy tu muerta

Sino de mi familia

Y no es tu sangre

Sino la mía

Y tus manos están limpias, siempre están tan limpias…

Mea culpa, padre

Mea culpa.

 

 

 

Hay belleza en el despertar del polvo

en el agua sucia que baja y se agita

hay poemas naciendo de la nada

flotando en el aire de lodo

huyendo hacia el sol

que da vida

y luego la quita.

 

 

 

Hay versos que no son de nadie

huyen de etiquetas, jerarquías y generaciones

y anidan en las lágrimas

de los cuerpos que se dan la mano.

Cuerpos que fluyen,

que no son, pero están.

Cuerpos de cuyas grietas

en manada

surgen rosas.

Hay versos que no son de nadie

y cuerpos.

Hay cuerpos que no son de nadie atados a cadenas.

Rotos

Rotos de su lucha

Sucios de una lluvia de lodo impuesta

noche,

tras noche,

tras noche.

Hay versos que no son de nadie

surgen de ese lodo

nos tocan la boca

y vuelan como pájaros.

 

 

 

Hay un plan, europeo, colgado en internet

Con veinte propuestas pertinentes en torno a tu palabra etérea

Hay cálculos, cifras, letras

Que buscan encontrar la ley de tu gesto al despertar

Normas, tu postura

Programas, con quién hablas

Estrategias

Todo el mundo sabe que jugar a pokémon es mejor que drogarse.

Entramos en una esfera, cuadrada, flácida, una esfera de miembros con sinergias. Tienes que ser bombero. Pastelero. Ingeniero. Florero. Florero. Florero.

La exclusión social es un arma, la exclusión social es un arma, la exclusión social es un arma. O juegas o el vacío.

No sueñes. No sueñes. No sueñes encontrarte con la puerta. No esperes que esté abierta, que te vayan a dejar la llave. No sueñes. Si sueñas, lloras. Si escapas, mueres.

La exclusión social es un arma.

Hay un plan,

europeo,

colgado en internet.

 

 

 

Nosotros, los escépticos

No tendremos mañana

Tan sólo ondas del presente escurriéndose por nuestras piernas

Día sí

Día también

Llenando ese río que huye ensuciando las aceras con mil sueños destrozados

 

 

 

Primer mundo:
En el sofá del salón
Respiro muerte
En la cola del súper
Muerte
Voy por la calle
Muerte, hollín, polvo
Hay cuerpos flotando en mi mente
Muertos
Gritos en los buzones
Sangre
Un matar silencioso
Ahogado por mi clase
Se esconde al primer mundo
Pero no es suficiente
Y sus llantos nos quitarán el sueño
sus gritos un poco de vida
sus ojos
cerrados
la puerta a nuestra humanidad perdida.

 

 

 

(Escritos viejos)

  • La pena del ajo triste.

Abocada a ti como al fracaso lento y desesperante. Mi emoción es una vela consumida por el fuego de la rutina. Una mota de polvo que baila torpemente en el rayo de sol de la persiana, rayo pequeño, como el agujero de ésta. Y al ver que no florecían las violetas planté ajos en tu honor, y su olor ha entrado en mis entrañas. Ahora soy un plato, sin postre, sin laurel y con demasiado ajo. Soy el menú barato del bar de enfrente. Suena la radio. Suena alter hours de Velvet. Y el reloj sigue el mismo compás de siempre.

Entonces me pregunto si puedo continuar así, si ésta enferma niebla que cubre mis días puede vivir eternamente a mi costa, si no hay manera de salvarme, de huir volando.

Entonces recuerdo que los ajos nunca tuvieron alas.

  • 2

La libertad es una sombra amarilla que brota de tus ojos bañando el cielo.

Ya no hay pájaros. Se ahogaron. Y tú buscas palabras que crucen el aire y rescaten la sombra de su eco muerto.
Y tú continúas llorando tu libertad que arrasa en un mundo ya seco y yermo.

  • 3

Ya no busco miradas sueltas. Ni rotas. Ni separadas.

Ya no busco palabras. Salieron volando como pájaros en llamas, despidiendo plumas de nostalgia y asco. Asco. Todas mentira. Y yo las odio a todas. A todas.

Y lo mejor de todo es que ya no busco tus manos. Una escultura al viento. Una ráfaga sobre mi cuerpo. Tus manos dos palabras que se escurren por mi cadera y que mienten, como todas ellas, pero salieron volando, se han ido, con su asco y sus plumas, con su aire y sus alas. Y que vuelen, lo suplico, que vuelen libres hasta morir. Que se alejen como Ícaros al sol y se derritan llenándonos de cera de conceptos, de cera burocrática del a, b, c, tan insípida e incolora como cualquier gas nocivo,  tan transparente que caiga como lluvia que no moja, que resbale por mi realidad creando un halo imperceptible de un segundo.

Filtro momentáneo.

  • 4

Ser un pájaroy volar cortando el aire derramando sangre azul sobre los claros. Llorarán por ello los árboles, llanto verde, meciéndose en pinceladas las ramas sobre el cielo. Azul. Y el sol lo callará todo con rayos rojos que matarán el tiempo ahogándolo y el final será el blanco.

Mundo blanco insípido.

Mundo blanco inerte.

  • 5

El polvo en la persiana, las ausencias grises de un otoño marrón, el tacto perdido de una caricia. Ayer. Y quizás el aliento continuo de tu boca, que respira, que deja un segundo entre el entrar y salir del aire, un segundo. El baile del polvo es algo así como el movimiento de un cosmos de vida entre cortinas. Su baile es fortuito. Aleatoriedad de corrientes en tu cuarto. Respiración. Bailas con ellas…Y luego hay colchas y zapatillas negras y también cojines y pijamas. Radiadores encendidos, luces grises, ¿marrones?, polvo que sigue bailando (vvailando el vvaile de la vvida) y música quizás en alguna radio lejana. How to disappear completely’ .

En algún momento tú ya lo has hecho.
Entonces una hoja cae de un árbol rozando tu persiana. La vida, que saluda.

  • 6

Au sein des villes qui ont dès longtemps atteint…
Las ciudades tienen vientos grises que te hablan de nadas etéreos. Luces frías, luces blancas, luces que alumbran la mitad de la mitad, el tercio de un quinto. Sombras.
Y sobre todo puertas, cerradas pero despiertas, ajenas pero tan tuyas que te devuelven tu imagen en sus cristales de humo. Ciudad.
Es un gran gusano que se despereza, que gira sin saber a dónde y engorda para estirarse.
La ciudad no se convierte en mariposa, nunca. Y si lo hace será polilla, una enorme y triste polilla gris que vuela hacia la luz como cualquier otro bicho, que no siente, que ‘es’ porque lo decimos nosotros. Que muere sin pena y con su dulce indiferencia de programas de mediodía, periódicos atrapados en esquinas. Pólipos, pontífices. Porno y piruletas con polvo.

  • 7

Me miras
en la simple sequedad del espacio
tus palabras calientes, quebradizas,
palabras al sol con la lengua fuera,
que se funden,
que hacen ruido,
ruido seco,
que pierden todo su sentido…

Lagartos al sol,
los ojos entornados,
viviendo mientras mueren,
muriendo sin haber vivido.

Yo quería vivir.
Tú me has secado.

  • 8

De ti me quedaba un parpadeo, una luz tenue de luna, luna Sharp, mirando por la ventana nuestro mundo. Sí que era grande, la ventana. Por ella yo cogía luces, entre el pulgar y el índice, y te las regalaba. Y tú subías la música, cada vez más fuerte, que no se oiga nada, que no exista nada más allá de este cuarto. Pero claro que existía. Ruidos de coche y gritos. Gente hablando. Relojes marcando. Dándote un ritmo. Imponiéndote un tiempo. Y vivimos, vivimos como marcaban los relojes, nos derramamos por calles separadas. Caímos en alcantarillas. Llovimos en bares y parques. Tu llueves por el Cedro, dicen. Mis dedos ya no te regalan luces. Para qué. Ahora sólo son luces. Y tú ya no subes la música para huir del mundo. Quién quiere huir, dices. Quién tiene vida propia si todos somos lo mismo. Todos somos lo mismo. Agua en alcantarilla, todo lo sucio, todo lo muerto, todo lo inerte desparramado. Desparramado y cayendo. Siempre cayendo…

  • 9

Hay olas de lo indecible estrellándose en tus párpados. Un rayo ilumina la sombra de tus manos y en ellas me veo a mí, como un grabado a tinta, como una incisión que duele. Y permanece. Y tu cuerpo se ondula con el viento mientras andas porque ha muerto la distancia, ya no hay separación entre el mundo y nosotros, porque nosotros, hoy, somos el mundo. Y tu párpado el universo entero plagado de palabras no escritas. No escritas. Porque trata de lo indecible. Y de sus olas estrellándose en tus ojos.

  • 10

Una lengua ardiente de palabras

unos ojos tristes

y tú

horizontal

abriendo con tu boca las palabras de mil versos que vuelan como Ícaros y se estrellan en lo más rojo y desnudo de mi mente.

De buscar

(contigo)

La llave de mil mundos que mueren al ascender sin miedo al infinito caos de lo imposible.

  • Silencio.

Transmutar el hueco de tu ausencia, escuchar el silencio de tu boca que muerde el tiempo y sangra mi realidad de sangre azul. Y es toda esta nieve derretida, todo este fin de un invierno lo que hace que vuelvas en palabras mudas, en ladrillos ajenos, en un sol que me saluda reflejado en un tercero mientras yo, en primavera, levito en un invierno frío, gris, aséptico, lleno de un ‘todo’ tan VACÍO, que no es sino el retrato de una nada corpórea entre sonidos de un silencio.

  •  Estética del simulacro.

Probablemente no sea un mero accidente histórico que el significado de la palabra “persona” sea “máscara” (…) En cierto sentido, y en la medida en que esta máscara representa el concepto que nos hemos formado de nosotros mismos –el rol de acuerdo con el cual nos esforzamos por vivir–, esta máscara es nuestro “sí mismo” más verdadero, el yo que quisiéramos ser.
Robert Ezra Park, Race and Culture, The Free Press, Glencoe, 1950.

                Tocar tus letras. Mirar como vuelan. Concretando. Matando ideas que eran amplias hasta que tu cajón de abecedario las retuvo. Compresión no literal sino espacial. Especial. Con mucho amor para una muerte. Cariño para una agonía constante de padecer y sentir lo que no es. Lo que es y pudo ser. Lo que nunca volverá a volar porque sus alas murieron secas junto al polvo de tus muebles y tus días abiertos como ríos, flotando entre horas frías y mares de horarios descriptivos de rutinas. Ahora sufres. ¿Qué realidad permite matarse cuando la intentan volver tangi-ble, accesi-ble, discuti-ble? Quizás sólo vivamos por dentro y todo el exterior no sea más que un teatro muerto. Estética del simulacro. Si todos jugamos, nadie juega, y eso es el mundo. Mentira.

  • De la Infinitud

…de vuestras horas silenciosas, sonoras, fragantes y limpias…
Marcel Proust

Carcajada que se mece entre dos siglos, el ayer es una bola en tu garganta y tus ojos dos espejos ciegos por la bruma que despierta el vapor de mi aliento.
Ya no sientes, gimes.
Ya no actúas, gimes.
Ya eres solo un viento más en la corriente infinita del mundo.
Una mirada más, vacía, como tantas otras.
Un cuerpo más, tibio, calentado al fuego de lo perfecto.
Un pensamiento más, volando, en caída inconmensurable a la infinita basura del mundo.

  • GradoscentiGrados

-¿Te has enamorado muchas veces?
-Sí, de una rubia, pero en invierno, cuando con el frío se le ponía la nariz colorada…Tuve que matarla.

Cada vez que estoy enamorada creo que es para siempre. Carles Duran. 1967.

Doler(te) Ser(me) Pensar(te) Y flotar como dos ojos en la niebla, abiertos a lo inconsciente, dormidos del mundo lógico que nace de tu boca y muere en el último vuelo de un pájaro cuando atardece. Ya no hay líneas, se ahogaron, y tú escribes en el aire que tu mente, rojo, blando, refugio en el norte. Envuelve(te) en mil mares y muere como un ángel pérfido en el último rincón de su sombra. Mil gotas pequeñas o una grande. Un horizonte dibujado en el (des)nivel de un vaso de preguntas.
Eh, 17ºC.

  • Avishai y mantos sonoros

[…]qué desea esta voz en el viento de otoño un lebrel o su presa
disueltos en la fría oscuridad del tiempo[…]

Pere Gimferrer. ”Canción para Billie Holiday” Extraña fruta y otros poemas, 1968-1969

Arde el tiempo en el barco de las horas
por la proa sopla viento rojo de tu boca y la sed de lo infinito se escurre
despacio
por tu piel de madera sensible y salada como mi llanto
helado en esta noche de fuego, que ni tú ni yo entendemos un te quiero, el ahora,
y ambos lo vestimos como dandies perdidos en palabras soñadas

yo quería mirarte
sólo quería mirarte

Lavapiés se escurre por un balcón oscuro en tu mirada de gato el sol araña
y yo te miro

Después el tiempo renace y me mata un segundo

Mañana la inercia perdida azotó mis días con tu ausencia

  • Re-time.

Fue un momento.

Tu presencia se dilataba, ligera, muy lentamente
como un gas nocivo o un pájaro,
planeando despacio sobre la tarde muda encerrada en mi cuarto.

Una mirada posó finalmente su mundo en mi mundo, un momento,
fue sólo un momento.

Y finalmente lo que había volado era el tiempo, escondido tras la persiana, el tiempo, riendo bajo la puerta, el tiempo, devolviéndonos una realidad que cada vez nos parece más mentira…

  • Hj-j1v.2

Habrías sido lo que noche tras noche soñabas:
un eco más del mecanismo social y fortuito,
un engranaje grasiento moviendo el mundo,
una mota de polvo perdida entre la nada
soñada por nadie
Nada

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