Tiempo

cabeza

En la artesanía, el tiempo se percibe de forma diferente. Está como desnudo, sincerándose de forma absoluta. Pierde la productividad y obligación de los hombres grises de aquel libro y se deleita en los recovecos de las manos, las formas blandas y orgánicas, la transformación fruto de caricias…

No hay medidas, el mismo gesto puede durar segundos u horas. Ocurre de repente: levantas la mirada y no recuerdas cuánto tiempo llevas dejándote llevar. Claramente, hay reglas y límites; la lógica reclama su camino, no hablo de creación en trance romántico, sino del placer por el trabajo bien hecho, del amor ajeno al tiempo que surge al acariciar partículas de sílice que, junto a tus manos y cabeza, tomarán una forma u otra, ocupando algún lugar del mundo y provocando sentimientos en personas.

El cariño con el que se crean las piezas no tiene prisa, no puede tener prisa.

Y las huellas de tal cariño permanecen marcadas en su cuerpo para siempre.

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